MÚSICA PARA MIS OÍDOS

 

Para los que están del otro lado de la radio y en cada lugar donde juega Atlético.

 

El Negro Fontanarrosa comentó que si alguna vez habría que ponerle música de fondo a su vida, serían los relatos de los partidos de fútbol.

 

A las 21.56 del viernes 14 de septiembre de 1923, tres años después de que la radio saliera al aire por primera vez en nuestro país, quedó registrada la marca inicial de la historia de la radiofonía con el deporte. A esa hora exactamente se anunció que estaba a punto de comenzar el combate de boxeo por el título mundial de los pesados entre Jack Dempsey y Luis Angel Firpo. La noticia llegó radiotelegráficamente a la Argentina y la retransmisión estuvo a cargo de la denominada Radio Cultura, desde donde se emitió a la gente.

 

El jueves 2 de octubre de 1924 Horacio Martínez Seeber, un radioaficionado de 23 años, realizó la primera transmisión de un partido de fútbol. Lo hizo en directo desde una tarima de madera instalada en la tribuna de periodistas del estadio de Sportico Barracas. Seeber, quien no tenía conocimientos futboleros, fue asistido por un periodista de Crítica, Atilio Casime, quien a su vez no tenía demasiada idea sobre qué era la radio. No fue un relato clásico, sino una simple transmisión de las informaciones del partido que Argentina le ganó por dos a uno a Uruguay.

 

Hoy todo eso suena muy lejano, pero lo que sigue haciendo ruido es el relato desde cada estadio donde se presenta el Celeste. Si bien el partido se juega en la cancha, los noventa minutos se viven en cada rincón del universo donde habita un Cremoso. Con la llegada de Internet, las transmisiones de fútbol cuando juega Atlético son escuchadas atentamente por quienes no pueden pisar el Escenario de la Pasión ubicado entre las calles Dentesano, Victor Manuel, Primera Junta y Urquiza.

 

Allí donde los actores protagonizan la Comedia, el Drama, donde las emociones se generan y se propagan. Y del otro lado de la radio, los sentimientos se entremezclan y la imaginación se activa al máximo, para poder ver sin la mirada una jugada de gol, un tiro en el palo, y las tribunas vestidas de Celeste.

 

No es tarea sencilla seguir un partido por radio, el nerviosismo se apodera de cada situación, el vértigo generado por este medio de comunicación no da respiro. No hay tiempo para distraerse. Se vive cada jugada como la última. De golpe la conexión se corta y uno se vuelve loco, y se sufre hasta que vuelve a restablecerse el sonido, y se sigue sufriendo.

 

Y vaya si se sufre, a tal punto que cuando las voces de los relatores te cuentan lo que pasa, uno ya no sabe si pararse, quedarse sentado, salir a caminar, apagar la radio, revolear los parlantes o simplemente resignarse y escuchar: “goooool…pe de puños del arquero para enviarla al corner, se salva el arco visitante”. Y la pelota que no entra, y los narradores partidarios que agigantan cada avance de Atlético ilusionándonos hasta con un lateral enviado desde mitad de cancha. Y los ataques de los rivales de turno que son todos tibios en la voz que nos llega, a pesar de que estén mano a mano con el arquero y con pelota dominada. Hasta que se produce un silencio y entonces hay que entender que ellos acaban de marcarnos un gol.

 

Pero de pronto, el sonido ambiente empieza a estallar en los parlantes y las palabras del relator se ven tapadas por el grito de la gente unos segundos después de que el hombre del micrófono, a punto de estallar, anunciara el remate cruzado del jugador de La Crema al segundo palo.  Y al fin es gol, nuestro gol. Pegamos el oído y dejamos pasar unos segundos para asegurarnos que la pelota haya entrado, y una vez confirmado el tanto hay que salir a abrazar algún mueble cercano de la casa, subir el volumen para que todos sean golazos, gritárselo al vecino que ni siquiera sabe que hay un partido de fúbol, porque se está jugando muy lejos. Pero qué importa, si el sentimiento por el Celeste no conoce distancias, y en ese momento de alguna manera estamos todos en la cancha, alentando a la Crema con el Corazón.

 

Saludos.

Matías Sánchez