RAFAELA, UNA CIUDAD PARA EL FÚTBOL

Revista El Gráfico (19 de Diciembre de 1989)

El Atlético le ganó de local a Huracán, puntero del Nacional B, por 1 a 0. Fue una verdadera fiesta, se recaudó 11.045.000 australes y dejó una conclusión...

Nunca se sueña dos veces con el mismo sueño. Con ese convencimiento en la mente vivió la gente de la Asociación Mutual Social y Deportiva Atlético de Rafaela los días previos al partido de fútbol más importante de su historia de 83 años. Es que llegaba a la Perla del Oeste santafecino un grande de la AFA, además puntero del Nacional "B" y que motivaba con la sola mención de su nombre.

Ganarle era una obsesión, porque los habitantes de Rafaela quieren un lugar en el mapa del fútbol, para su ciudad, y evitar así que cuando se menciona a deportistas lugareños se debe recurrir sistemáticamente a un tenista (Javier Frana), un basquetbolista (Chocolate Rafaelli), un piloto (el Nene Ternengo) o un boxeador (Néstor Giovannini). O si no, convocar a la nostalgia de aquellas inolvidables 500 Millas Argentinas, al mejor estilo Indianápolis, que llenaron de vértigo los primeros años de los '70. Para toda la ciudad bajarlo al Globo era una gloria. Asi se prepararon. Así festejaron, los de adentro y los de afuera, cuando el objetivo se cumplió.

¿Rafaela o Dallas?

El cronista llegaba preparado para encontrarse con una ciudad del interior como tantas otras, sufriente con la escalada del dólar y las peripecias económicas por las que atraviesa toda la Argentina. Pero le bastaron cinco minutos sentado en un banco de la plaza principal, para darse cuenta de que los aires rafaelinos son distintos. Ver pasar cinco Mercedes Benz en otros tantos minutos era indicio de algo diferente, plenamente ratificado por los datos que después fue recogiendo. Van algunos: Rafaela es el centro de la cuenca lechera estimado de 200 millones de dólares, tiene un promedio de un auto cada cuatro habitantes (20.000 y 80.000 respectivamente); su intendente, don Rodolfo Muriel, está en el 23º año de mandato; falta mano de obra porque hay plena ocupación, con lo que los empresarios tienen que pagar sobresueldos o traer obreros de pueblos vecinos para no resentir el funcionamiento de sus industrias. 

Atlético de Rafaela, inmerso en esta realidad, es un club tan atípico como su ciudad. Dueño de 5 hectáreas en pleno centro, donde está su pintoresco estadio, y de 145 a apenas 7 km. de allí se encuentra el Autódromo, del que es exclusivo propietario. Además tiene 8.000 socios (el 10 % de los habitantes de Rafaela), desarrolla 15 actividades deportivas y fue capaz de levantar 2 tribunas de cemento con capacidad para 10.000 personas en apenas 20 días. Otro detalle: el líder de la hinchada, "Cabo", se moviliza en una Coupé Fuego y es el responsable de la agencia de maquinarias agrícolas John Deere, de Rafaela.

Hasta la rivalidad con Nueve de Julio, su adversario de la ciudad, el Atlético (los cremosos, porque la mayoría de los socios del Jockey Club también son de él) se sale del molde. Cuando preguntamos inocentemente quién era el River y quién era el Boca del clásico, José Luis Basso, propietario de una de las dos fábricas de válvulas para autos que hay en el país, ambas radicadas en Rafaela, nos contestó: "No, no es así. Nosotros somos River y Nueve es Independiente. Acá hasta los sectores más populares viven como clase media..." Basso es uno de los empresarios que aporta de su bolsillo para sostener al equipo y cuenta algo que muestra que en Rafaela algunos códigos como la revalidad futbolera, sí se respetan: " En la ciudad tenemos dos concesionarias de autos. el dueño de una de ellas me dio 7.000 dólares para el Atlético; pero me rogó que no dijera nada. Es que quiere venderle autos también a los del Nueve..."

¿Atlético o el Milan?

Es una licencia, usted comprenderá. no pretendemos ni por asomo comparar el nivel futbolístico de Atlético Rafaela con el del flamante campeón Intercontinental. Pero sí sirve para explicar como planteó el partido Horacio Bongiovanni (hoy técnico, ayer volante derecho de Boca). Lo hizo con la misma predisposición física y mental que distingue al Milan. Salió a meterle un pressing asfixiante a Huracán. Motivaba, y mucho el sueño de 15.000 rafaelinos que tapaban con su estímulo los gritos de los 600 huracanenses.

Atlético se apoyó en tres pilares claves. Por el costado derecho del medio juego, derrochaba su tremenda vitalidad el pibe Julián Pascual Alastuey (el mismo de Independiente) suelto de tres cuartos para arriba el ex Mandiyú Pablo Oscar Quiroga, movía los hilos ofensivos con su habilidosa zurda, y sobre el lateral izquierdo apareció un tapado que no estaba en los plantes de nadie. Se llama Víctor Grillo, es paranaense, tiene 22 años y se cansó de meterle un deborde atrás de otro al atribulado Monto. El pibe, al que sus compañeros le dicen Romario y tiene un estado físico asombroso parecido al de Diego Maradona, fue la llave del desequilibrio cuando llegó una vez al fondo, tiró el centro que fue devuelto desde el otro lado por el lateral Jacquet, y el Negro Poelman la cabeceó adentro. El autor del gol lo festejó a los loco y hay una explicación. "Yo jugué en Huracán en 1978. No sabés la coneja que corrí. Estuve 6 meses sin jugar. No es revancha, pero..." Esto pasó a los 42 minutos del primer tiempo, y se esperaban las respuestas de Huracán, inexistentes en ese lapso, para el complemento. Pero no llegaron. Frente a un rival que le regaló la pelota, pero siguió siendo más punzante , el equipo de Carlos Babington chocó una y otra vez, sin profundizar casi nunca.

¿El final o el comienzo?

¿Atlético habrá dado un campanazo aislado o los 4 puntos que ahora lo separan de Huracán lo habilitan a soñar con la vuelta olímpica en Parque Patricios, que augura su eufórica hinchada? El tiempo dirá, pero por ahora los celestes de barrio Alberdi (los llaman igual que Belgrano de Córdoba) tienen derecho a festejar. Lograron la hazaña en ese hermoso collage de la diversidad de su estadio. Algunos lo llaman Monumantal, por la grandeza de sus populares de cemento, otros La Bombonera por esos palcos que cubren todo un lateral como en la cancha de Boca. en realidad, usar uno u otro apelativo tiene mucho que ver con la segunda camiseta que tiene pintada en la piel la gran mayoría de los rafaelinos. La primera es la celeste y blanca de Atlético.

El partido terminó a las diez y media de la noche del sábado y el triunfo se festejó como casi todo en Rafaela: tomando una cerveza helada en las abarrotadas mesas callejeras de las tradicionales confiterías de Boulevard Santa Fe. ¿Crisis? ¿Que crisis? No se si le habrá quedado claro que Rafaela es una ciudad aparte, hermosa para el fútbol...