FECHA 13º: ATLÉTICO DE RAFAELA 1 - BELGRANO DE CÓRDOBA 3

Nunca dejemos de sufrir

Eduardo Eluchans disputa la pelota con Guillermo Farré. Foto: Diario Olé.

(05/11/2012) Hola! Yo soy uno, y quiero compartir las sensaciones que me dejó el último partido de la crema...

Después de un torneo clausura con una asistencia digna de un nerd a clases de mecánica cuántica, con un porcentaje de diecsisés sobre diecinueve, arranqué este inicial tirando más a un vago del fondo que se ratea para ir a desperdiciar la mañana en los fichines en lugar de desperdiciarla en la escuela. Mitad por designaciones de horarios poco felices--como el del último viernes--y la otra mitad porque estuve de vacaciones unos días en el viejo continente. Es hacia allí hacia donde me lleva la mirada de hoy.

Estaba yo en una cierta ciudad--muy pintoresca por cierto--el día en que se jugaba el derby español bajo la forma de la ida de una de esas copas que inventan para tener una buena excusa para juntarse a jugar al fobal, llenar el Camp Nou y levantarla con pala. Me senté en un bar, en perfecto inglés, pedí "uno porronto, amigou" y me dispuse a disfrutar de un partidito de fóbal en calidad de "no-me-importa-un-carajo-porque-no-soy-ni-del-barça-ni-del-realma". Apenas empezado el partido, después de casi un mes de tener que escuchar idiomas ininteligibles, me llamó la atención entender las palabras que salían de la boca de un muchacho que estaba sentado en la mesa de al lado. Con la agudeza que me caracteriza, me dí cuenta--en seguida--que se trataba de un madrilense (¿es ese el gentilicio de Madrid?) que se ponía tan o más loco que yo cuando miraba jugar a su equipo. Así es que, ante la mirada resignada de su novia--estaban cenando--este personaje sufrió de pe a pa durante los noventa minutos que duró el encuentro. Pero, sufrió con una particularidad que me llamó la atención desde un punto de vista antropológico. Se la pasó gritándole al aparato de televisión cosas del tenor de "pero qué malo que erez!", "a los de blanco tío, a los de blanco!", "joder que juegaz mal ramos", "kedhira dedícate a otra cosa". Por supuesto, yo no pude dejar de pensar qué es lo que diría este simpático muchacho si los colores que le mueven el corazón fueran celeste y blanco.

Con la salvedad de que el Real Madrid ganó dos a uno, así fue cómo me sentí el viernes frente a Belgrano. Otra vez debido a la poco feliz designación del horario tuve que anotarme otra falta en el cuaderno de comunicaciones. Al margen de hablar de planteos equivocados, de jugadas puntuales que derivan en goles en contra, de mala suerte en pelotas divididas, de malas tardes de algunos jugadores, de tipos que tienen que jugar circunstancialmente de defensores e ignoran por completo la ley del off-side, de una evidente falta de entrenamiento de cómo hacer un gol en tu cancha cuando el rival se planta con dos líneas de cuatro, de una obstinación en no meter a tipos que la pisen y te la den redonda, no hay mucho más para hablar. Así que no lo voy a hacer.

El partido del viernes con Belgrano fueron noventa minutos de puteadas. Más o menos del mismo orden que las que le escuché yo gritar al gallego. Entonces, ya después de haber dejado pasar otros tres puntos, me puse a pensar la respuesta a la pregunta antes formulada. Si se enoja con Pepe, ¿qué tendría que decir sobre un par de tipos que yo me sé? La primera reacción es que debería cortar por lo sano, pegarse un cuetazo y a otra cosa mariposa. Sin embargo, una segunda lectura me da otra opinión. El tipo es hincha del Real Madrid, va al Bernabeu y tiene a Ronaldo de su lado. Es tal el nivel de perfección requerido que el hecho de que un tipo dé un pase mal es algo catastrófico. Más o menos catastrófico como que en Atlético un tipo que juega de stopper se quede en la línea del corner cuando ataca el equipo contrario, o que en el torneo comercial un tipo le erre el guadañazo y haga un gol en contra al grito de "vamos las marcas muchachos!"

El escueto párrafo aparte de hoy es para Zielinsky, que se fue al descenso con los amargos del sur dando lástima, pasó por Chacarita sin pena ni gloria, le ganó la promoción a River gracias a Pavone y ahora parece que es el técnico más capaz del futbol argentino porque tiene tercero a un equipo cuya figura es el picante Pereyra. Para todo esto tengo una sola palabra: suerte.

Retomando el hilo principal del discurso, quiero finalmente redondear la idea y llevar el mensaje esperanzador y reconfortante de cada semana. Sigamos puteando sanamente, exigiendo que todos--jugadores, cuerpo tecnico, dirigientes, hinchas--pongamos lo mejor que tenemos para que nuestro granito de arena contribuya a hacer un club--y un mundo--mejor. No nos conformemos con habilitar al delantero para que nos claven tres en nuestra cancha. Busquemos la manera de que dar un mal pase sea motivo de ligar una puteada. En el fóbal y en nuestras vidas. Dejemos la mediocridad para los giles y busquemos la excelencia. Vayamos al único a buscar la victoria y no nos conformemos con empatar. Aún Messi sufre si da un pase mal. Nunca dejemos de sufrir. Esa es la clave para seguir mejorando.

Un saludo para toda la banda cremosa
uno
 

Dejá tu comentario sobre el texto:

Ver textos anteriores